Luis I. Gordillo. 11 noviembre 2024
Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí

¿Cuál es el mejor perfil para un alto cargo? Dicho en otros términos, qué características tiene que tener idealmente una persona que se vaya a dedicar a la gestión pública, desde ser miembro de un gobierno, responsables institucionales y directivos del sector público.
Tradicionalmente, cuando un gobierno tenía que hacer un nombramiento de un alto cargo, era habitual que se destacara su amplia experiencia en el sector o en la actividad que ahora pasaba a desempeñar en el ámbito público. Últimamente, en numerosas ocasiones, parece que con cada nombramiento de un alto cargo se quiere mandar un mensaje a la sociedad (la primera mujer que es ministra de defensa, el primer miembro de tal minoría que llega al máximo órgano judicial …). Además, siempre hay una razón más o menos confesable por quien hace el nombramiento, que es la lealtad política o personal al partido o al gobierno que lo designa.
Estas razones tienen variantes, y habitualmente la sociedad puede tener la sensación de que cierto nombramiento obedece a la “devolución de un favor politico”, a la necesidad de recolocar a alguien de confianza hasta que se libre otro puesto más adecuado o a utilizar el puesto al que se va de trampolín para preparar el salto a otro posterior.
En otros países, y especialmente en los de tradición protestante, los miembros de los gobiernos y los altos cargos se someten habitualmente a duras comparecencias en las que los parlamentarios le hacen preguntas concretas sobre su experiencia en el sector, le recuerdan posibles fracasos o errores anteriores y les ponen delante del espejo de su trayectoria profesional.
Tenemos la sensación, y los partidos políticos nos han ayudado a llegar a esta conclusión, de que muchas veces los altos puestos del gobierno y la administración son un coto reservado a los altos dirigentes de los partidos y su personal de confianza y que para ocupar cierto puesto en un organismo o empresa pública hay que tener el carnet del partido correspondiente.
Le voy a apuntar las características que, en mi opinión, deberían tener las personas que vayan a ser nombradas nombradas en gobiernos y altos puestos públicos:
– Tienen que ser personas de reconocido prestigio, ya sea por su trayectoria personal o profesional, que realmente tengan una experiencia en el ámbito para el vayan a ser designadas. Es decir, nombrar a un filósofo responsable de la empresa pública de uranio o a un asesor de confianza responsable de correos, no sería la mejor forma de cumplir con esta indicación.
– Tienen que ser personas que gocen de la máxima independencia. ¿Cómo se mide la independencia? Que provengan de puestos o profesiones a las que hayan llegado sin que nadie las haya colocado allí y que tengan a donde volver cuando expire su mandato. Si tienen carnet del partido que les nombra, este hecho debe ser conocido y desde luego tienen que demostrar una experiencia profesional al margen de su partido.
– Y, sobre todo, hay que nombrar a alguien al que haya que convencer. Alguien que esté cómodo en su puesto profesional actual, que no necesite personal ni económicamente el cargo para el que vaya a ser nombrado. Esta es la mejor garantía de actuará con independencia y de que, cuando llegue el momento, o en caso de desacuerdo con quien le ha nombrado, es libre de abandonar ese alto cargo.
Es decir, el mejor alto cargo es el que no quiere serlo.