Luis I. Gordillo. 9 septiembre 2024
Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí (minuto 10:50)

El economista americano Charles Tiebout (Tibout) acuñó un interesante concepto denominado “votar con los pies”. Esta expresión alude a la posibilidad que tienen los ciudadanos de manifestar sus preferencias sobre las políticas públicas no tanto votando entre dos candidatos que no le convencen, con lo que ha de elegir “al menos malo”, sino que alude a la posibilidad de moverse de un sitio a otro, de mudarse a un lugar cuyas políticas sean más acordes con lo que uno piensa.
Es decir, los políticos compiten por los votantes, pero en EE UU lo hacen con mayor intensidad que en otras democracias dado que, si el resultado de las políticas no gusta o no se ajusta a los intereses de los votantes, se quedarán sin votantes y sin contribuyentes, que son quienes sostienen todos los gastos públicos.
Esto es algo que ha entendido muy bien Donald Trump, candidato republicado a las elecciones presidenciales de EE UU que, tras las presiones ejercidas sobre Biden, se enfrentará a la actual vicepresidenta Kamala Harris.
Si Kamala Harris fuera elegida por votantes residentes en España o en casi cualquier país europeo, ganaría con porcentajes cercanos al 80 o 90%. Ha planteado la campaña apelando a los sentimientos, particularmente al sentimiento de rechazo tan importante que produce Donald Trump en una parte importante del electorado y de la opinión pública en general. Sus asesores la han convencido de que no se trata de ver lo buena presidenta que sería Harris sino la mala persona que es Trump, que no merecería ser presidente por segunda vez.
Desde su proclamación, Kamala Harris ha recibido la bendición de buena parte del establishment norteamericano y ha recaudado la friolera de 770 millones de dólares hasta el momento, 200 más que su oponente. Casi todo el establishment ha echado en brazos de Harris apelando a lo malo que es Trump. Sólo el controvertido magnate Elon Musk le ha dado su apoyo sin fisuras al ex presidente.
Si uno no está demasiado atento, parece que Trump es el actual presidente que está buscando un segundo mandato consecutivo frente a una nueva candidata, sin ningún escándalo ni responsabilidad anterior. Lo cierto es que hace casi 4 años que Trump no es presidente y que Harris es la actual vicepresidenta de EE UU, responsable por tanto de las políticas del ejecutivo; Harris no ha sido condenada por ningún tribunal, ni ha defendido a la jauría que asaltó el Capitolio, pero durante su vicepresidencia se ha complicado el problema migratorio, han aumentado los conflictos bélicos en los que participa EE UU y su deuda pública ha crecido casi el 10% anual en los últimos años. Su propuesta estrella consiste en aumentar enormemente los impuestos que pagan los ricos.
Mañana es el debate entre Kamala Harris y Donald Trump, veremos qué propuestas convencen más. Pero no hay que olvidar que Estados Unidos no es solo California y Nueva York, donde los demócratas arrasan, y que a diferencia de España, en EE UU se vota con los pies. En noviembre veremos a qué candidato le dan la patada.