¿Tenemos mala educación en Euskadi?

Luis I. Gordillo. El Mundo. 24 diciembre 2024. Enlace al periódico aquí

Este pasado fin de semana, la prensa vasca se hacía eco de un hecho que ya era conocido pero que ha pasado inadvertido. Y es que el País Vasco ha dejado de participar en las principales evaluaciones de la OCDE que miden el rendimiento académico de los escolares y es muy reticente a publicar los resultados de sus propios análisis.

Una sociedad avanzada necesita de un sistema educativo eficaz, eficiente y dinámico que sea capaz de preparar a las nuevas generaciones para los retos del futuro y que les dote de los conocimientos y habilidades necesarias para ganarse la vida con honestidad y tener la oportunidad de realizar sus proyectos personales.

En la actualidad, los sistemas educativos europeos se enfrentan a retos muy importantes: la globalización, la digitalización y la rápida evolución de las demandas del mercado laboral. Un sistema educativo competitivo y moderno debe no solo adaptarse a estas realidades, sino también ser objeto de evaluación constante para garantizar su eficacia. En este contexto, resulta imprescindible diseñar políticas públicas que prioricen la calidad y el impacto de la educación, apoyándose en indicadores fiables y evaluaciones externas.

De acuerdo con el informe del Sistema Estatal de Indicadores de la Educación 2024, existen diferencias notables en el gasto público por alumno en enseñanza no universitaria entre comunidades autónomas. Según los últimos datos disponibles, en 2021, el País Vasco destinó casi 11.000 euros por estudiante (10.984 euros), casi duplicando los 5.886 euros invertidos por la Comunidad de Madrid. Castilla y León y Asturias gastaron poco más de 8.000 euros al año por escolar (8.033 euros Castilla y León y 8.140 el Principado de Asturias).

Cualquiera podría pensar que cuanto más se gasta en una política pública, mejores serán sus resultados. Sin embargo, los últimos informes PISA, que evalúan el rendimiento académico de los estudiantes, cuentan una historia diferente. Castilla y León, Asturias y la Comunidad de Madrid destacan siempre en las competencias clave evaluadas, como la comprensión lectora, las matemáticas o las ciencias, superando ampliamente al País Vasco, una Comunidad que apenas alcanza la media nacional​​ y que está en los últimos puestos del último informe que analiza la creatividad de los escolares.

Estos datos ilustran un problema claro y persistente: el País Vasco, pese a destinar más recursos por alumno, no logra traducir esta inversión en mejores resultados educativos. Esto plantea interrogantes sobre la eficacia y la eficiencia de nuestro sistema educativo y la pertinencia de revisar el modelo de gestión. Parece lógico pedir a la administración que, si tenemos el sistema educativo mejor financiado, no tengamos el sistema con los peores resultados.

Un sistema educativo que carece de un control y seguimiento adecuados corre el riesgo de perpetuar ineficiencias y desigualdades. Por ello, es fundamental que las evaluaciones externas sean periódicas, públicas y que estén realizadas por organismos independientes. Además, los resultados deben ser explicados de forma transparente, no solo como un ejercicio de rendición de cuentas, sino también como una herramienta para generar confianza y orientar políticas de mejora.

La publicación de estos informes no debe quedarse en una declaración de intenciones, sino que debe ir acompañada de acciones concretas. Por ejemplo, si los datos revelan una brecha significativa entre la inversión y los resultados, como ocurre en el País Vasco, el gobierno vasco debería proponer reformas estructurales. Estas pueden incluir la mejora de la formación docente, la actualización de los currículos educativos, la revisión del modelo de inmersión lingüística o una mayor integración de tecnologías en el aula. Negarse a participar en evaluaciones externas o a publicar los resultados de los análisis propios evitará un titular negativo un día, pero no solucionará el problema de fondo y generará más frustración a largo plazo entre la ciudadanía, el personal educativo y los propios estudiantes.

Los buenos resultados de Comunidades como Castilla y León, Madrid o Asturias demuestran que la eficiencia en el uso de recursos es tan importante como la cantidad de recursos destinados. En estas tres comunidades, en las que han gobernado partidos o coaliciones distintas, los resultados destacados del informe PISA reflejan un modelo educativo que ha sabido optimizar sus inversiones, priorizando aspectos como la formación del profesorado, la atención individualizada a los alumnos y una gestión efectiva de los centros educativos.

Por el contrario, el caso del País Vasco muestra que una alta inversión sin un enfoque estratégico no garantiza el éxito. Este ejemplo subraya la importancia de diseñar políticas públicas basadas en evidencia y de someterlas a evaluaciones constantes. Solo así se puede garantizar que los recursos lleguen donde más se necesitan y que el sistema educativo cumpla su función como motor de progreso social y económico.

Las administraciones evalúan constantemente a los ciudadanos. La administración educativa evalúa sin parar a los profesores, al personal no docente y a las propias contratas que concurren para prestar servicios en los centros. A cambio, la Administración tiene que explicar adecuadamente cómo invierte el dinero público en el sistema educativo, qué problemas ha identificado y qué medidas piensa adoptar para corregirlos.

El Gobierno Vasco ha anunciado que en el nuevo año 2025 presentará un proyecto de ley de transparencia de Euskadi. Quizá sea una buena oportunidad para añadir transparencia a la evaluación y mejora del sistema educativo.

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Una versión reducida de este contenido se emitió en Onda Cero Euskadi. 23 diciembre 2024 (12:34). Audio disponible aquí

El modelo económico que el PNV quiere para el País Vasco: más intervención y más subvención

Luis I. Gordillo. El Mundo. 21 abril 2024. Enlace al periódico aquí

Tradicionalmente, todo el mundo identificaba al País Vasco como una tierra industrializada, de emprendedores y con unos altos niveles de crecimiento económico. Hoy día, y tras muchos años de gobiernos del PNV-PSOE, la realidad es bien distinta.

El lema que mejor podría definir la realidad en estos momentos es que ‘Euskadi se apaga’.

A pesar de los esfuerzos del Gobierno Vasco por enmascarar la realidad, lo cierto es que esta Comunidad se está quedando atrás en todos los indicadores. Euskadi es la Comunidad que tiene mayor índice de absentismo laboral (casi un 10%, frente al 7% de media nacional), es la segunda Comunidad Autónoma que más autónomos ha perdido en el último año, es la tercera más castigada por la fuga de empresas, la inversión extranjera no deja de caer y es la autonomía que más huelgas laborales padece (la mitad de las huelgas de toda España tienen lugar en el País Vasco).

Estos indicadores solo reflejan una tendencia que se viene acentuando en esta Comunidad desde hace mucho tiempo y cuyas causas no son ya achacables al terrorismo de ETA. Efectivamente, la propia existencia y la actividad de la banda terrorista ETA afectó también a la actividad económica, pero la situación que padecemos hoy los vascos es responsabilidad de quienes nos gobiernan desde hace años.

Hay un elemento adicional que pasa bastante desapercibido, pero que es muy revelador de cómo las políticas de ‘cierre’ de la sociedad que lleva a cabo el PNV con la complicidad del PSOE acaban afectando a la economía real. Euskadi es una Comunidad que no atrae a los “mandos intermedios” de las grandes empresas. Las grandes empresas tienen muchas dificultades para atraer a directivos a nuestra tierra para que desarrollen iniciativas de desarrollo económico, en tanto que éstos tienen muy difícil escolarizar a sus hijos más allá de las instituciones internacionales de educación básica y media que suelen estar completas. El sistema público y, cada vez más el concertado, sólo se oferta en euskera y ofrece muy limitadas opciones a los estudiantes que proceden de otros sistemas educativos españoles o ya incluso de otros países.

La natalidad en Euskadi es de las más bajas del mundo. Existen pocos incentivos y por muchos planes que los gobiernos del PNV-PSOE se empeñen en anunciar, no hay manera de que se incremente el crecimiento vegetativo de la población vasca que sólo se mantiene por obra y gracia de la inmigración, que cada vez encuentra menos atractiva nuestra tierra.

Ante este panorama, el Gobierno Vasco realiza políticas y actuaciones cada vez más intervencionistas. La política económica actual no se diferencia mucho de la que podría desarrollar Podemos/Sumar o la propia coalición EH Bildu.

Durante la XII legislatura del Parlamento Vasco, Bildu se abstuvo en unos presupuestos (los de 2022) y ha coincidido con la coalición de gobierno (PNV-PSE) en las principales leyes e iniciativas relativas al ámbito económico. Podemos/Sumar, que está ahora luchando por su supervivencia parlamentaria, ha apoyado directa o indirectamente estas medidas. Sólo el grupo parlamentario del PP, y durante un tiempo con Cs (la actuación de Vox es difícil de analizar porque su única preocupación es que la prensa y la redes la saquen votando en contra de todo), presentó una alternativa a PNV-PSE-Bildu-Podemos.

En las principales leyes que afectan a la economía hay sintonía que sólo se matiza por cuestiones electorales. Así, en la ley de subvenciones, que entre otras cosas sancionaba a las empresas que abandonaran Euskadi, Bildu y Podemos votaron a favor de la ley propuesta por PNV-PSE y en la del Instituto Vasco de Finanzas, que sienta las bases para un Banco Público Vasco, Bildu/Podemos se abstuvieron, pero en los debates se mostraron totalmente a favor de la iniciativa.

Por otra parte, el PNV-PSE se ha mostrado a favor de varias iniciativas que censuraban la actividad de la Autoridad Vasca de la Competencia, cuyos miembros, por cierto, nombraron ellos mismos (el PNV a la presidenta, a una vocal y al director de investigación y el PSE a otro vocal). Quedará para los anales de la historia parlamentaria la iniciativa de Bildu que censura un informe de la Autoridad Vasca de la Competencia que simplemente recuerda la incidencia de la competencia en el mercado laboral.

La coalición PNV-PSE se ha mimetizado con el tándem Bildu-Podemos-Sindicatos mayoritarios y ha aprobado todo tipo de iniciativas que sólo persiguen un mayor intervencionismo en la economía de Euskadi.

Frente a esta situación, el Gobierno Vasco se ha presentado, presupuesto tras presupuesto, como el campeón de las políticas sociales, que no hace más que aumentar el gasto en políticas sociales. Como se sabe, las competencias de las Comunidades Autónomas (desde Euskadi hasta Andalucía, pasando por Madrid, Castilla y León o Murcia) son esencialmente de gasto público, de desarrollo de políticas sociales. Por eso, un aumento lineal auspiciado por el gobierno central en materia de función pública ya supone un incremento de las “políticas sociales” en educación y sanidad, que suponen en torno al 80% del presupuesto de las cada una de las Comunidades Autónomas.

Por otra parte, el PNV, a través de su grupo parlamentario en el Congreso, ha ido arrancado toda una serie de excepciones a la regulación bancaria, de manera que a la entidad bancaria resultante de la pseudo fusión de las antiguas cajas de ahorro vascas se le aplica una regulación específica que le otorga ciertas ventajas en materia de gobernanza, a través de la fundación que técnicamente las posee.

Es decir, el PNV, con la aquiescencia del PSOE, en su versión autonómica o nacional, ha ido estableciendo una serie de normativas y condiciones que, de facto, suponen un cierre de mercado, es decir, una dificultad de que entren nuevos actores económicos y de que la economía vasca pueda dinamizarse, general riqueza y, con ello, garantizar los servicios públicos. El pilar fundamental de la política económica del PNV lo ha constituido, no el concierto económico, sino la inflación. En efecto, la inflación ha supuesto un incremento de la recaudación de en torno al 10% en los últimos años a través del IRPF, lo que ha servido para incrementar políticas de subsidios de carácter nacionalista, vaciando los bolsillos de los contribuyentes, que disponen de menos dinero para gastarlo como libremente pudieran decidir. El argumento, en este caso muy utilizado por el PSE, es que el Gobierno sabe mejor que los ciudadanos cómo deben gastar su dinero.

En síntesis, la política económica desarrollada por el PNV-PSE en las últimas legislaturas es fundamentalmente una política intervencionista, propia de un partido socialista, compartida en lo fundamental por Bildu y Podemos y que ha contribuido a que la llama del vigor industrial vasco se vaya apagando poco a poco. Como sucede en la mayoría de las negociaciones sindicales, los de ahora han pactado unas condiciones beneficiosas para hoy a cambio de un deterioro de la situación de las generaciones futuras. Es el resultado de legislar y gobernar pensando en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones.

¿Por qué Bildu dará el sorpasso al PNV? Cinco razones y más.

Luis I. Gordillo. El Mundo. 13 abril 2024. Enlace al periódico aquí

Es curioso observar cómo estos días de campaña electoral para las elecciones al Parlamento vasco que alumbrarán la XIII Legislatura la prensa nacional se muestra asombrada por un fenómeno que, los que vivimos aquí, no nos extraña lo más mínimo: el sorpasso de Bildu al PNV. La mayoría de las encuestas otorgan un empate con una tendencia al alza de Bildu. Los que conocen la política vasca, saben que Bildu es ya hegemónico en Guipúzcoa, el PNV se mantiene primero en Vizcaya y la lucha está en Álava, otrora feudo del PP. En todo caso, el fenómeno por el cual Bildu acabará siendo el partido mayoritario en Euskadi ahora o en las siguientes elecciones y que tanta extrañeza y estupor causa más allá de Altube (frontera real con la meseta que suele recibir al viajero con un brusco cambio del tiempo) se debe a una serie de hechos, políticas y actuaciones perfectamente sincronizadas y de las que el máximo responsable es el PNV, para lo que ha contado como colaborador necesario con el propio PSE a cambio de ceder una cuota de poder institucional.

(1) El elemento más llamativo es, sin duda, el proceso de “normalización” o blanqueamiento de Bildu como partido político. El PNV ha “normalizado” su relación con Bildu hace ya mucho tiempo y sus dirigentes, aunque no creo que sus votantes, están cómodos con una alternancia entre partidos nacionalistas. Quizá no inmediatamente como pretende Bildu (su candidato a lehendakari ya ha ofrecido un pacto para que gobierne la lista más votada), pero ya han preparado el terreno para ello a partir del año 2027, fecha de las siguientes elecciones municipales y forales y momento tradicional de cambios de ciclos políticos. Es habitual que existan iniciativas en el Parlamento Vasco y en el resto de instituciones de Euskadi que llevan la firma del cuatripartito PNV-PSE-Bildu-Podemos que es, además, presentado ante la sociedad como algo positivo y un avance en el proceso de reconciliación entre vascos. La “normalización” de Bildu como partido político en Euskadi y en el Congreso ha llegado hasta tal punto que han liderado un cordón sanitario que todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, salvo PP y Ciudadanos, han hecho en torno a Vox, cuyas iniciativas no salen a discutir, censurar o valorar en tribuna y simplemente votan en contra, alimentando, por cierto, el discurso victimista de esta formación que suele hacer de su crítica a las posiciones en sus palabras “poco contundentes” del PP su principal argumento político. Lo curioso es que casi toda la prensa local y las plumas más reconocidas del lugar han alabado este cordón sanitario o simplemente han ignorado su existencia.

(2) El modelo educativo es también muy responsable del auge de esta fuerza política, heredera de HB y que cuenta con dirigentes que hoy se sientan en las instituciones después de haber estado en prisión por colaboración con banda armada. El único objetivo real que para el PNV (con la complicidad del PSE) tiene la educación es la euskaldunización o, como lo llaman ahora, el “derecho a vivir en euskera”, “exclusivamente en euskera” habría que añadir. Esta política, que pasa por dedicar ingentes cantidades de recursos a la euskaldunización, ignorando los nefastos resultados que los informes Pisa arrojan sobre la educación en Euskadi es compartida al cien por cien con Bildu. No se observa ninguna diferencia entre ambos y el PSE ha tenido que hacer auténticos encajes de bolillo para justificar su apoyo a la nueva ley de educación que da otra vuelta de tuerca a este proceso, mientras que Bildu, en un ardid de última hora, se descolgó de esta norma después de haberla condicionado durante toda la legislatura y haber impuesto casi todas sus tesis al Gobierno PNV-PSE que la acabó sacando adelante en solitario con interpretaciones divergentes sobre lo que significaba la ley por parte de los dos socios.

(3) Bildu ha sabido, en tercer lugar, trasladar la experiencia reciente como partido antisistema (antes eran otra cosa) al ámbito institucional. De esta manera, es habitual recibir en el parlamento vasco a un sinnúmero de asociaciones, grupos ciudadanos, plataformas, etc., que en realidad son dirigentes o simpatizantes de Bildu con otros nombres, en los que realizan reclamaciones y críticas “ciudadanas” que casualmente encajan perfectamente con el programa político de este partido. De esta manera, se aprovechan de la reticencia de actores políticos y de la propia prensa especializada, de criticar movimientos ciudadanos para erigirse en portavoces de la ciudadanía olvidada por el sistema y que encuentran en esta nueva formación a sus representantes ideales. La confluencia en propuestas, estrategias y proyecto con los sindicatos mayoritarios en Euskadi es más que evidente. Tanto es así que, a través de esta vía, y ayudados por la incapacidad del Gobierno Vasco para desarrollar una adecuada política de personal en el sector público (Euskadi cuenta con el récord de interinidad en la Administración), Bildu ha llegado a sorpassar al PNV en instituciones de referencia como la ETB.

(4) El cuarto elemento, hábilmente aprovechado por los de Otegi, lo ha constituido el protagonismo creciente en la política nacional debido a las necesidades parlamentarias de Pedro Sánchez. De esta manera, los votos de Bildu en el Congreso cotizan a un precio más alto que los del PNV, que está muy limitado por su política de tierra quemada con el PP y por sus pactos con el PSE en Euskadi. El nuevo argumentario socialista para justificar su estancia en el poder a toda costa ha servido, además, para ungir a Bildu como los máximos defensores de los valores democráticos: al grito de “hay que salvar la democracia de la derecha extrema del PP”, Bildu ha liderado el cordón sanitario a Vox en el Parlamento Vasco.

(5) Finalmente, el partido que se sigue negando a condenar el terrorismo de ETA, cuyos precursores incluyeron sistemáticamente a personas condenadas por terrorismo en sus listas y que organiza “ongi etorris” a los presos de ETA ha abrazado las nuevas causas de la izquierda que resultan particularmente atractivas para las nuevas generaciones de votantes. El medio ambiente, el feminismo o la sanidad pública, áreas de tradicional expropiación ideológica por parte de la izquierda en España, son ahora la carta de presentación programática del partido de Arnaldo Otegi. A esta expropiación (que no apropiación, porque implica que el resto ya no puede asumir su defensa, mucho menos el centro derecha) ha contribuido en gran medida el control de un amplio número de asociaciones, que, como se ha indicado, son las que las innumerables manifestaciones que se desarrollan todos los días en las principales arterias de las capitales vascas. El PNV ha contribuido mucho a esta situación a través de un juego políticamente perverso: condescendencia con estas protestas de cara a la galería abertzale, mientras muestra a los espectadores, particularmente los del centro derecha, lo que podría ser Euskadi si el partido de Sabino Arana no gobierna. Mientras pensaban que creaban un némesis ficticio, repulsivo para la mayoría de los vascos de bien, y que podrían tener controlado a través de su amplio poder institucional, Bildu se ha “comido” al electorado propio de Podemos/IU/Sumar, que era el impulso final que necesitaban para operar el deseado sorpasso al PNV.

No hay que engañarse. PNV y Bildu comparten el modelo educativo, el modelo social y, ya también, el modelo económico, que merece una pieza aparte. El PSE, que tiene pactada la colaboración institucional hasta el 2027 se siente cómodo con cualquiera de los dos. Todavía le cuesta admitirlo en campaña, pero no tardará en hacerlo, siempre y cuando se le garantice la correspondiente cuota de poder. Sus votantes naturales se irán sumando a las dos opciones nacionalistas, pero para entonces sus actuales dirigentes estarán ya jubilados. El PNV lleva años trabajando para que Bildu sea su alternativa política. Ambos se sienten cómodos con esta posibilidad porque facilita su discurso y busca utilizar el voto no nacionalista para construir una Euskadi sólo nacionalista.