Luis I. Gordillo. 30 diciembre 2024
Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí

En un popular artículo titulado “La sociedad del sándwich mixto: por qué los mediocres dominan el mundo”, el agudo periodista Rodrigo Terrasa entrevistaba al filósofo canadiense Alain Deneault, autor del ‘best seller’ Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder. En esta pieza, se habla de la metáfora del “sándwich mixto”, una comida sencilla, rápida, que no despierta recelos en casi nadie, pero en absoluto extraordinaria. Viene bien para salir del paso, llenar el estómago y dedicarte a otra cosa. El sándwich mixto representaría a la persona mediocre, aquella que acaba ocupando mayoritariamente los puestos de mando en las sociedades actuales. Este tipo de personas son las que, a medio y largo plazo, llevan a las instituciones, partidos y a las agrupaciones humanas al estancamiento, a la pérdida paulatina de influencia y a una lenta pero continua decadencia que las arrastraría hasta la irrelevancia… hasta que se produjera su desaparición o hasta que un verdadero líder volviera a tomar las riendas.
En contraposición al “sándwich mixto” tenemos el caviar. Un plato delicado, escaso, casi exótico y que representa el más valioso y caro de los alimentos de lujo. Tiene sus detractores, no todos lo elegirían para su mesa y siempre se le puede criticar algo, pero es comúnmente aceptado como algo extraordinario. En este juego de metáforas, el “sándwich mixto” representaría al falso líder, al mediocre y el caviar al verdadero líder.
En sus último libro titulado Liderazgo, Henry Kissinger realizaba un interesante análisis del concepto y elementos del liderazgo. El punto de partida consistía en que toda sociedad se encuentra siempre moviéndose entre su pasado y una visión de lo que ha de ser su futuro. La manera de realizar este tránsito es a través de un verdadero liderazgo que sea capaz de «ayudar a las personas a ir desde donde están a donde nunca han estado» y, a veces, a donde piensan que no pueden llegar. Los verdaderos líderes son aquellas personas que el destino coloca en esta intersección temporal y, la mayoría de las veces, sin quererlo ni desearlo, asumen la responsabilidad de contribuir a realizar este camino visualizando un futuro mejor, persuadiendo al prójimo de la necesidad de esforzarse y realizar sacrificios para lograr este fin y alcanzando poco a poco pequeños objetivos que despierten la confianza en su proyecto antes de llegar a la gran meta final.
Hoy en día, podemos distinguir tres componentes fundamentales en todo modelo de liderazgo: el que convence, el que seduce y el que compra la voluntad de las personas a través de regalos o prebendas. Mientras que el verdadero liderazgo combina la capacidad de convencer y seducir, el falso liderazgo, el líder mediocre, se limita a seducir superficialmente y a comprar apoyo, para permanecer en el poder, evitar afrontar las decisiones difíciles y seguir disfrutando de una posición más o menos cómoda.
Para liderar de manera efectiva a las sociedades y a las instituciones, es esencial combinar tres elementos fundamentales:
- Convicción y capacidad de convencer: Los líderes verdaderos tienen la capacidad de argumentar y persuadir con ideas que resisten el escrutinio crítico. No imponen; inspiran con razones y hechos.
- Seducción que inspire un proyecto común: La seducción, cuando se utiliza correctamente, genera entusiasmo y motiva a las personas a unirse en la construcción de un futuro compartido. Es una herramienta poderosa, pero debe complementarse con un propósito genuino.
- Rechazo a perpetuarse en el poder: Los líderes verdaderos no buscan perpetuarse, sino empoderar a otros y garantizar que el proyecto común sea sostenible incluso en su ausencia. Actúan con generosidad, paciencia y sacrificio.
Las personas que reúnen esas cualidades se salen de los moldes habituales. Las estructuras clásicas de poder tienden a silenciarlos, despreciarlos o antagonizarlos. Habitualmente, se les reconoce en privado su valor y su capacidad, pero se les aparta de la mesa diciendo que no es su lugar, que no van a gustar a la sociedad o que incluso son demasiado delicados para esta ocasión. Pero ahí es donde los ciudadanos debemos identificar a los verdaderos líderes, aquellos que son capaces de convencer, de seducir y de demostrar a los comensales de que en esta ocasión es mejor arriesgarse a probar al caviar que volver a cenar un sándwich mixto.
