La guerra de los aranceles

Luis I. Gordillo. 3 febrero 2025

Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí

Decía Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de EEUU, que ninguna nación se ha arruinado jamás a causa del comercio. El actual presidente de EE UU, sin embargo, parece tener una opinión distinta y estos días ha anunciado el establecimiento de aranceles a productos provenientes de China, México y Canadá. No es la primera vez que Trump establece aranceles a China, ya lo hizo en su anterior presidencia dando lugar a la llamada “Guerra comercial” con el gigante asiático al que acusa de manera recurrente de prácticas desleales o directamente de robo de propiedad intelectual a empresas americanas. El caso de México y, sobre todo Canadá es más novedoso, y el inquilino de la Casa Blanca acusa a los gobiernos de estos dos países de no controlar los flujos migratorios ilegales hacia Estados Unidos o directamente de ser insolidarios, mientras mantiene un particular enfrentamiento político y mediático con los dirigentes de ambos países.

En este contexto, merece la pena analizar algunos conceptos y recordar la experiencia de la última guerra comercial EE UU – China, que comenzó de manera similar en 2018. Pero, ¿qué son los aranceles? Los aranceles son impuestos que los gobiernos imponen sobre los bienes importados con el fin de encarecer su precio y, teóricamente, proteger la producción nacional. Es lo que los pequeños productores siempre piden a sus gobiernos cuando les cuesta competir con bienes importados. Aunque esta medida puede parecer beneficiosa en el corto plazo, en realidad genera una serie de efectos adversos que afectan tanto a la economía como a las relaciones internacionales.

Uno de los principales problemas de los aranceles es su impacto negativo en el desarrollo económico. Al elevar el coste de los productos importados, los consumidores deben pagar precios más altos por bienes que podrían adquirir más baratos en un auténtico mercado abierto. Además, los aranceles desincentivan la innovación y la eficiencia dentro de la industria nacional, ya que las empresas nacionales pueden volverse menos competitivas al estar protegidas artificialmente de la competencia exterior. Esto es algo que ha sucedido siempre en España. Según el Banco Mundial y otros centros de investigación económicos, el comercio global disminuyó en torno a un 9% en 2019 como resultado de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, lo que demuestra el impacto perjudicial de las barreras comerciales. Por otra parte, la última Guerra comercial entre estos dos gigantes tampoco supuso un aumento significativo de la producción ni de la compra de productos nacionales en sus respectivos países.

Además, desde una perspectiva diplomática, los aranceles suelen generar tensiones entre los Estados. Cuando un país impone aranceles, las naciones afectadas tienden a responder con medidas similares, lo que da lugar a represalias comerciales. Este tipo de disputas no solo afectan a las relaciones políticas, sino que también perjudican a los sectores empresariales de ambos países, reduciendo la inversión extranjera y la creación de empleo.

En lugar de recurrir a aranceles, los gobiernos pueden fomentar el consumo de productos nacionales mediante incentivos fiscales, subsidios a la innovación, programas de capacitación para aumentar la competitividad de las empresas locales y, últimamente, eliminando trámites burocráticos y administrativos que no aporten realmente nada en el proceso de desarrollo, producción y venta de productos, como defiende uno de los principales asesores del presidente estadounidense, Elon Musk.

La teoría económica, los datos y la experiencia reciente demuestran la ineficacia de los aranceles para fomentar la economía nacional y su efecto negativo en el desarrollo económico global y en las relaciones internacionales. Quizá convendría a todos recordar aquí lo que repetía el economista Von Mises: “el libre comercio es el requisito previo para cualquier acuerdo amistoso entre las naciones”. Esperemos que los gobiernos implicados encuentren un acuerdo amistoso porque en las guerras comerciales nadie tiene toda la razón y todos tienen un poquito de razón.

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