Luis I. Gordillo. 31 marzo 2025
Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí

Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, en su último libro, titulado Liderazgo, el viejo profesor de Harvard, ex político y premio nobel de la Paz, Henry Kissinger realizaba poco antes de morir un interesante análisis del concepto y elementos del liderazgo. El punto de partida consiste en que toda sociedad se encuentra siempre moviéndose entre su pasado y una visión de lo que ha de ser su futuro. La manera de realizar este tránsito es a través de un liderazgo para «ayudar a las personas a ir desde donde están a donde nunca han estado y, a veces, a donde apenas imaginan que pueden llegar». Los verdaderos líderes son aquellas personas que el destino coloca en esta intersección temporal y, la mayoría de las veces, sin quererlo ni desearlo, asumen la responsabilidad de contribuir a realizar este camino visualizando un futuro mejor, persuadiendo al prójimo de la necesidad de esforzarse y realizar sacrificios para lograr este fin y alcanzando poco a poco pequeños objetivos que despierten la confianza en su proyecto antes de llegar a la gran meta final.

En realidad, lo anterior no es más que la adaptación de la vieja teoría del poder que la ciencia política viene estudiando desde siempre y que sintetiza en dos los componentes esenciales del poder que, para los propósitos de lo que hoy nos ocupa, podemos extender al liderazgo de éxito. Esos componentes son ilusión y eficacia. El líder ha de ser capaz de despertar la ilusión en su proyecto, que ha de ser compartido por la mayoría, y tiene que poder mostrar resultados, ser eficaz, en unos plazos relativos de tiempo. Todo líder permanece mientras sea capaz de mantener estos dos componentes en su justa medida. El cómo lograrlo depende, también, de la estrategia que adopte y del entorno de que se rodee.
Volvamos a la cuestión que aquí interesa, lo que podríamos denominar el ‘liderazgo político’. Los elementos fundamentales del liderazgo, no tanto del líder, sino del liderazgo que ha de ejercerse en las sociedades actuales podría sintetizarse de la siguiente manera.
En primer lugar, hay que tener claro dónde estamos, cuál es nuestro pasado y nuestra historia y a dónde queremos ir. El verdadero líder no es el que más brilla por sus circunstancias, características o cualidades personales, sino el que es capaz de visualizar cuál es el papel que ha de asumir en ese momento su visión del mundo en el progreso social, cómo puede su proyecto político contribuir a ello y qué pasos hay que dar para lograrlo.
En segundo lugar, el liderazgo político implica definir adecuadamente la estrategia que se ha de seguir conforme a las normas y principios éticos compartidos por la mayoría social. No se trata de una estrategia de mera dominación o condicionamiento de decisiones de los órganos y entidades sociales al margen de sus procesos democráticos e institucionales, sino que, particularmente, un verdadero liderazgo político ha de concretar qué papel han de tener y qué actividades han de desarrollar estas instituciones en el progreso y perfeccionamiento de la sociedad.
En tercer lugar, el liderazgo político implica sacrificio, paciencia y generosidad permanentes. Los verdaderos líderes políticos han de ser conscientes de que su actividad ha de estar presidida por decisiones y políticas públicas que sean razonadas y razonables, es decir, han de ser decisiones que resulten tras un cuidado proceso de deliberación pública y han de ser las decisiones compartidas por la mayoría social. Ser un verdadero líder consiste en ser un trabajador constante. Con frecuencia vemos a personas que ingresan en la política para ganarse la vida o porque puedan tener algún interés personal. Hay muchas personas a las que les gustan los cargos pero que son incapaces de asumir las cargas propias de la labor política. El verdadero liderazgo político consiste también en inspirar a los demás y mostrarles un camino que, aunque arduo, beneficia a la sociedad que nos rodea y mejora la calidad de vida de toda la ciudadanía.
Frente a este liderazgo político que hemos descrito, que coincide con un poder de mando inspirador y transformador de la sociedad que busca el bien común, están los procesos de resistencia de personas que en el pasado pudieron ser considerados líderes por una mayoría social, pero que ya no inspiran confianza, no convencen y no son capaces de justificar sus decisiones ante una mayoría social. Son pseudo liderazgos en decadencia, que se mantienen simplemente por inercia, como un avión que planea ya sin combustible y que cuando aterrice será incapaz de volver a levantar el vuelo. ¿ Merece la pena resistir a toda costa con el único argumento de que hay que evitar que el otro gobierne ? La inercia de las circunstancias suele impedir ver la realidad en estas circunstancias, pero con el tiempo, todo el mundo coincidirá en el diagnóstico: no se trataba de un líder sino de alguien que simplemente se resistía a abandonar el poder.