Luis I. Gordillo. 4 noviembre 2024
Opinión. Onda Cero Euskadi. Audio disponible aquí (minuto 8:47)

Hay un secreto que es por pocos conocido y que como todos los grandes secretos se oculta a la vista de todos. Hoy lo voy a compartir con ustedes. España es, esencialmente, un Estado federal. Sí, ha oído bien: con no pocas disfuncionalidades y bastante margen de mejora, pero España es básicamente un Estado federal.
Lo primero que hemos de tener en cuenta en que no hay dos Estados federales iguales, no es lo mismo Estados Unidos que Alemania; ni Suiza que Australia; ni Canadá que México; ni Argentina que Italia o España… Cada uno tiene sus particularidades, sus fórmulas más o menos originales de organización interna, o caracteriza de forma distinta a sus componentes, ya les denomine Estados federados, regiones, cantones, provincias o Comunidades Autónomas. Todos ellos son muy distintos, pero también todos ellos tienen elementos comunes:
(1) están integrados entidades de base territorial con competencias legislativas y de dirección política propias; (2) estas entidades participan en el proceso legislativo y en la aplicación de las normas comunes; (3) existe un reparto de recursos vinculado con el reparto de competencias; (4) hay una garantía de que esta estructura no va a ser alterada por ley ordinaria, sino que tiene cierta estabilidad; y, finalmente, (5) existe un sistema de resolución de conflictos que se deriven de esta peculiar estructura que sea jurisdiccional (y no político).
España cumple básicamente con estas características. Es verdad que la participación de las CCAA en el Senado más testimonial que real; también es recurrente la crítica del reparto de fondos para el ejercicio de competencias y se puede discutir también si es eficiente y asumible el coste de mantener dos grandes plantillas de funcionarios: la central y la autonómica, con no pocos solapamientos y faltas de espacios de colaboración.
¿Dónde falla el sistema español? O dicho en otros términos, ¿cómo se puede mejorar? La respuesta habitual consiste en recordar que es necesario desarrollar mecanismos de cooperación más eficientes y más transparentes, racionalizar el gasto público reduciendo duplicidades y solapamientos o reasignar recursos públicos y capacidad fiscal atendiendo a criterios de responsabilidad fiscal.
Hay sistemas con menos mecanismos teóricos de cooperación y mucha menos burocracia que el nuestro y que sin embargo son más fieles al modelo federal. El federalismo es ante todo una técnica de gobierno que se basa en la lealtad mutua y en la solidaridad recíproca. Es un sistema en el que los distintos niveles de gestión tienen que colaborar lealmente, prestarse ayuda mutua, compartir información relevante y emplear de la forma más eficaz y eficiente los recursos públicos. Es evidente que es en estos ámbitos donde se desarrollan las tensiones políticas en la mayoría de los sistemas federales, el nuestro también. Pero en otros sistemas, las faltas de colaboración penalizan enormemente en las elecciones y los líderes políticos tienen importantes incentivos para cooperar lealmente. Pero esta cuestión no depende tanto del Derecho o de la organización institucional, sino que depende más de nuestra forma de ser y de nuestra mentalidad. Si queremos un mejor federalismo, de verdad que está en nuestra mano. Y esto es algo que todo responsable público debería saber y que nunca ha sido ningún secreto.